Emily in Paris, la popular serie de Netflix creada por Darren Star, ha transformado la percepción global de la moda parisina desde su estreno en 2020. Sus estilismos, diseñados por Marylin Fitoussi, combinan prendas de firmas de lujo con piezas originales creadas específicamente para la producción.

Como resultado, la serie ha generado un importante impacto económico en la industria de la moda. Muchos de sus outfits se han convertido en tendencias virales en redes sociales y han impulsado colaboraciones entre marcas y producciones audiovisuales. En este contexto, la propiedad intelectual e industrial desempeña un papel clave al proteger los activos creativos que surgen de este fenómeno cultural.


Protección de los diseños industriales en la Unión Europea

En Europa, los diseños de vestuario como los que aparecen en Emily in Paris pueden protegerse mediante el Reglamento de Diseños Comunitarios (CE 6/2002), gestionado por la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO).

Por un lado, los diseños registrados otorgan a su titular un derecho exclusivo de explotación que puede durar hasta 25 años, siempre que se renueve cada cinco años. Por otro lado, los diseños no registrados disfrutan de una protección automática de tres años desde su primera divulgación pública dentro de la Unión Europea.

Además, la jurisprudencia europea ha reforzado esta protección. En particular, la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea en el caso Cofemel v. G‑Star Raw (C‑683/17) estableció que las creaciones textiles pueden considerarse obras protegidas por derechos de autor siempre que presenten originalidad.

Por consiguiente, prendas como el icónico blazer con boina o los vestidos asimétricos vistos en la serie pueden quedar protegidos tanto como diseños industriales como por derechos de autor, lo que dificulta su copia masiva por parte de competidores.


Derechos de autor y licencias de marcas de lujo

El vestuario de la serie también incorpora prendas de reconocidas casas de moda como Dior, Chanel o Jacquemus. Para utilizar estas marcas en pantalla, la producción obtiene las correspondientes licencias o acuerdos de colaboración.

Además, otros elementos de la serie —como el guion, los personajes o el diseño del vestuario original— quedan automáticamente protegidos por derechos de autor desde su creación. Esto permite explotar comercialmente el contenido mediante merchandising, licencias oficiales y campañas promocionales vinculadas a la serie.


Caso práctico: la nulidad de la marca “Pierre Cadault”

Un ejemplo interesante de protección jurídica dentro del universo de la serie es el caso de la marca “Pierre Cadault”, el diseñador ficticio que aparece en Emily in Paris.

En 2023, un tercero registró ese nombre como marca ante la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO) para la clase 25 (ropa). Sin embargo, la empresa titular de los derechos de la serie, ViacomCBS, impugnó el registro alegando mala fe, de acuerdo con el artículo 59.1.b del Reglamento de Marca de la Unión Europea.

Para demostrarlo, la compañía aportó datos sobre la notoriedad de la serie, incluyendo audiencias globales, repercusión mediática y presencia del personaje en la trama. Finalmente, la División de Anulación de la EUIPO declaró nula la marca (resolución C 64 100), al considerar que el registro suponía un intento de aprovechamiento indebido (free riding) de la popularidad del personaje y una vulneración de la lealtad comercial.

Este precedente demuestra que incluso elementos ficticios de una obra audiovisual pueden adquirir valor comercial suficiente para ser protegidos jurídicamente.


Implicaciones para la industria de la moda

En definitiva, Emily in Paris muestra cómo la propiedad intelectual puede convertirse en una herramienta estratégica para monetizar la creatividad dentro de la industria de la moda.

Por ello, tanto diseñadores consolidados como marcas emergentes pueden beneficiarse de registrar sus creaciones en organismos como la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO) o la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM). De este modo, es posible proteger colecciones y diseños frente a imitaciones en un mercado global cada vez más digitalizado y competitivo.


Fotografía: De izquierda a derecha: Philippine Leroy-Beaulieu, Lily Collins y Camille Razat en la temporada 2, episodio 1 de Emily in Paris.
© Carole Bethuel / Netflix.