Hace poco más de medio siglo, en febrero de 1972, se solicitaba una de las patentes más emblemáticas en la industria juguetera: la de los muñecos de Playmobil. En abril de 1975, la Oficina Alemana concedía esta patente que se publicaba bajo el número DE7204415U. Esta “figura de juguete” o «Spielzeugfigur» en su original, marcó el inicio de una revolución en el mercado global de los juguetes y subrayó la importancia estratégica de la propiedad industrial para la protección de invenciones únicas.

Os dejamos el enlace para echarle un ojo a la solicitud y que os entre la nostalgia: https://worldwide.espacenet.com/patent/search/family/001277098/publication/DE7204415U?q=pn%3DDE7204415U

El padre (inventor) de estos muñecos fue Hans Beck, pero como podréis ver en la situación, se registró su titularidad a la empresa Geobra Brandstätter. En muchos aspectos, estas figuras eran muy innovadoras. Con apenas 7.5 centímetros de altura, los muñecos que ahora conocemos directamente como Playmobils presentaban características distintivas: una estética minimalista, articulaciones limitadas y un enfoque claro en la versatilidad para el juego imaginativo. La patente protegía no solo el diseño funcional de las figuras, sino también elementos técnicos clave que garantizaban su durabilidad y seguridad, factores esenciales en el sector de juguetes.

Desde una perspectiva jurídica, este caso ejemplifica cómo una protección de propiedad industrial estratégica puede convertirse en la base sólida del éxito comercial de una marca como es Playmobil. Al garantizar exclusividad mediante la patente y las características técnicas de las figuras, se pudo consolidar su posición en el mercado frente a competidores, promoviendo el crecimiento de una identidad de marca fuerte y altamente reconocible.

De pequeños jugábamos con estas figuras que nos permitían crear un sinfín de mundos y que nos ayudaban para hacer crecer nuestra propia originalidad e historias. Ahora, visto desde un enfoque legal, el famoso juguete es un testimonio de cómo la propiedad industrial, aplicada de manera efectiva, no solo protege las invenciones y previene posibles copias, sino que también fomenta la creatividad y el desarrollo comercial.

Este aniversario nos recuerda que detrás de cada invención revolucionaria hay un sistema legal robusto que facilita la innovación y protege las ideas que dan forma a nuestra industria y cultura global. Otro ejemplo “vivo” más de cómo la PI puede transformar una visión en una historia de éxito.